Sigo desconectado de internet por el momento, tampoco es complicado de sobrellevar, pensaba que lo llevaría peor, acostumbrado a encender el portátil casi cada día y ver la conexión wifi encendida sin problema, ahora aparece ahí al lado del relojito de Windows un simbolito de que no tengo conexión de internet, y creo que durará unas cuantas semanas, pero con el traslado de piso, el trabajo, y demás cosas que me mantienen ocupado no lo echo de menos.
Estoy recuperando antiguas costumbres, aparte de la de la radio que señalé en el anterior post, me he dedicado a limpiar el ordenador de las miles de porquerías que lo hinchaban y he aprovechado al máximo aquél disco duro portátil que compré hace unos meses en unos grandes almacenes. No se si sabeis que ahora puedes conseguir un disco duro externo de casi un terabite por poco más de cien euros. Hemos pasado de la era de minimizar el tamaño de los programas (divx, mp3, mp4, jpeg, etc...) a que la capacidad de memoria se multiplique. En parte es una contradicción ya que lo que antes cabía en un dvd de cuatro gigas u ocho, ahora te lo meten en un blu-ray que ocupa 25 gigas o en unas tarjetas de memoria que ya tienes por ocho gigas para meter tus fotos, música etc... En el fondo las tarjetas de memoria no son más que los sustitutos de aquellos discos "blandos" (mira que eran duros, salvo aquellos que me encantaban tanto de 5,1) de disquettes que teníamos cuando yo aprendía informática, convertidos en unos minidisquettes que los puedes llevar de un sitio a otro, que apenas ocupan nada (si no mirar los microsd que utilizan los móviles con capacidades de cuatro gigas) y que te permiten llevarte la enciclopedia británica al completo.
Vuelvo al papel. He de reconocer que el gusto por leer las cosas en papel, tocarlo, darlo la vuelta para uno u otro lado, olerlo...., no sé sigo añorando mis cosas en papel. De hecho me encantan esas exposiciones de libros antiguos que encuentras a menudo por Madrid, cuesta de Moyano aparte, donde ves libros de principios del siglo XX con ese olor a viejo que tanto me impresiona. Espero que eso jamás desaparezca. Aunque no niego las ventajas de las nuevas tecnologías, que no restan, si no que suman. No dejamos de tener periódicos en papel (ahora con los gratuitos hay un boom de periódicos por la calle, se lee más que nunca los periódicos) y los online. Las fotos las puedes tener metidas en una tarjetita de esas, en un dvd, un cd o imprimirlas cuando quieras en papel y tenerlas en un album de los de siempre o de los de Ikea, je. No dejo de ser un fan de las nuevas tecnologías, de la digitalización del mundo, de las novedades técnicas, pero eso no quita que aprecie también las cosas bien hechas de siempre, las ventajas de lo que siempre ha funcionado. Creo que el mundo hay que transformarlo sabiendo de donde venimos, pensando en el futuro teniendo en cuenta el pasado, como aprendizaje.
Hasta aquí mi segundo post de la era postadsl. Espero que no muy tarde pueda colgarlo en la red.
Me encanta viajar. Me encanta encontrar nuevos lugares, nuevos olores, nuevas sociedades, nuevas personas, nuevas constumbre. Me encanta saber que cuando salgo de este pais que tanto critico por muchas cosas, me gusta cada vez más para vivir. Acabo de llegar de pagar el viaje que por los paises centroeuropeos, para uno de esos circuitos que tantos critican pero que yo espero me sirva para tener una "aproximación" a los paises que visitaré. El Danubio nos espera y su geografía y sus costumbres. Espero que salga todo bien y nos lo pasemos genial, y espero poder contarlo por aquí en cuanto vuelva. Pero aún quedan 10 días para partir. Espero que si alguna de las ciudades que visitaremos fugazmente (algunas necesitarían de media vida para descubrir lo fundamental de su ser) nos apasiona, volvamos aprovechando las posibilidades que internet, las compañías low cost, y la competencia viajera nos pueden ofrecer.
Nos movemos en un mundo que corre, que se desplaza a una velocidad inusitada, y eso nos contagia en nuestro día a día. El cambiar constante de las cosas, de las situaciones, de la vida misma. Vivo en una ciudad que, con todas sus maravillas y cosas positivas, tiene también ciertos incovenientes. Y creo que uno de los más importantes es el estrés que nos rodea constantemente.
Huele a verano. Me asomo a la ventana, y noto ese golpe de calor que la calle lanza sobre mi cara, como un chorro de ducha. Noto los olores que recorren el verano, esos perfumes de helado, ese olor a hierba seca, a tierra mojada cuando caen cuatro gotas escapadas de una pequeña nube que tormentea entre los días abrasadores. Me encantan esos días largos que el verano nos proporciona, que por la acción del propio calor se acortan, ya que en la meseta castellana se hace algo insoportable la salida a la calle hasta bien entrada la tarde. Pero me encanta cómo despereza la ciudad cuando se aproximan las siete de la tarde, cómo la gente que se ha ocultado tras sus casas, sus trabajos, las tiendas, etc... salen de nuevo para abarrotar esas terrazas que el verano nos trae y que nos permite disfrutar de "la fresca" en compañía de personas que nos acompañan en esta vida.